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De encuestas y encuestitis

Eduardo Borunda

 

8 de marzo de 2012. Recientemente, la época de la encuestas tomó forma en México para fotografiar el momento de la intención del voto. A pesar de tener cerca de 20 años de una incesante propagación de estudios de opinión, sus inicios fueron lentos y contados. Por ejemplo, en 1959 Almond y Verba alcanzó a incluir a México en su estudio comparado sobre cultura política junto con Estados Unidos, Italia, Inglaterra y Alemania, los resultados quedaron consignados en la obra "Civic culture". Tiempo más tarde, alrededor de la década de 1970 "La politización del niño mexicano" de Rafael Segovia impactó por su forma de ver al México en el corazón de los niños de primaria y secundaria.








La década de 1980 se inauguró con el trabajo de Enrique Alducín (1981) con el tema de "Los valores de los mexicanos" y "La encuesta mundial de valores" de Ronald Inglehart donde se discuten los valores materialistas y posmaterialistas. "Los Mexicanos de los Noventa" de Ulises Beltrán y Fernando Castaños de 1994 rompieron el paradigma tradicional y a raíz de su publicación por el Instituto de Investigaciones Sociales empezaron a fluir los estudios de opinión, pero sobre todo los electorales.

En el año 2000, la televisión mexicana anunciaba el triunfo de la oposición a través del resultado de una encuesta de salida. Los resultados presentados en la noche por Televisa anunciaban por primera vez en la historia política de México que la transición a la democracia había concluido. Ninguna encuesta publicada en México había señalado, inferido o pronosticado el triunfo de la oposición. Las encuestas habían tenido su prueba de fuego el día de la elección y el resultado fue confirmado horas después por el Instituto Federal Electoral en voz de su presidente José Woldenberg Karakowsky y ratificado por el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León con dos palabras que cerraban el capítulo de la contienda electoral al señalar que la información (de las encuestas y resultados preliminares dados a conocer por IFE) que era "suficiente y confiable" para señalar a Vicente Fox Quesada como el próximo presidente de México.

Hace unos días, en una reunión de banqueros, el presidente Felipe Calderón Hinojosa hizo mención de una encuesta sobre intención del voto para la elección de presidente de la República. Su comentario despertó versiones encontradas, acusaciones, reproches es decir, nunca en la historia un comentario presidencial sobre una encuesta había despertado tanta pasión que obligó al Ejecutivo a marcar su raya y dar su palabra de demócrata respetando el proceso electoral. El tema de las encuestas es un tema entonces sensible y delicado, al menos esa es la lección de este capítulo.

En este tenor, hay que recordar el sentido de las encuestas, que sirven para pulir la estrategia electoral, detectar fortalezas y áreas de oportunidad. Sin embargo no se ganan elecciones con encuestas sino con votos y eso lo deben tener muy claro los jefes de campaña de cada candidato, de cada partido. Existe un manualito básico llamado "Uso y abuso de encuestas" de María de la Heras para ubicar con una mayor exactitud la dimensión que quieren tomar los hacedores de encuestas. Incluso, las casas encuestadoras han suscrito acuerdos y trabajan de forma colegiada a través de la Asociación Mexicana de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión Pública (AMAI).

Una consideración importante que debemos tener en mente es la confiabilidad de la fuente, es decir, ¿quién hizo la encuesta? Y si cumplió con los requisitos metodológicos la encuesta aplicada para su interpretación una vez difundidas. Lo importante es que hoy en día, los procesos electorales exigen que las encuestas estén registradas ante el Instituto Federal Electoral (IFE) cuando éstas se vayan a difundir entre la población y los medios de comunicación.



En conclusión, las encuestas iniciaron un proceso lento en el estudio de la cultura política mexicana, tuvieron un parteaguas en la década de 1990 y teniendo su grado de consolidación después del año 2000. De las pocas encuestas que se aplicaron hace más de treinta años pasamos a una encuestitis sobre la movible voluntad de los electores. Lo anterior es un indicador de la democracia moderna que compartimos ya que hoy el resultado electoral es incierto y las encuestas nos ayudan a tener una fotografía del momento. ¿Lo han encuestado a usted?


 

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