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Aldama no esta lejos

Por Jorge Macías Rodríguez

 

Chihuahua, Chih..  10 de abril de 2012. Iniciada la Semana Santa de este 2012, es irreprimible para este escribano el exponer su frustración de no poder salir de vacaciones, además el señalar que siento harta envidia –Dios me perdone-, de quienes si salieron de la ciudad y arribaron a buen puerto.




Chihuahua lo saben todos –porque está en los libros de geografía-, es un estado enorme, con mesetas, valles y montañas, amplios desiertos pero sin gota de agua salada donde zambullirse en épocas vacacionales.

¡Buuaaa! No tenemos mar, playas, ni ríos caudalosos. Estamos pero bien hodidos…, en eso de lo que ahora llaman pomposamente turismo de mar y playa.

Y ni pex, si queremos salpicar nuestro cuerpo de agua y exponer esta piel que habitamos a los rayos solares, no nos queda de otra que enfilar nuestros autos –chuecos o derechos- al municipio de Aldama.

Aldama es lo mas cercano y parecido que tenemos los chihuahuitas a un lugar de playa como Acapulco.

Si, si, ya sé que Aldama no tiene mar, no tiene playa, pero la raza se la pasa igual de beoda y sin ropa que en Acapulco.

A menos de 24 kilómetros al noreste de Chihuahua capital se encuentra este pueblito pintoresco que la fantasía de muchos idealizó como el paraíso.



Hace años que los chihuahuitas comentamos que si se llega el fin del mundo, una tercera guerra mundial u algo parecido, no hay mejor puerto que Aldama.



En Aldama –decíamos-, no pasa nada, ahora ya ni el tren.



Pero las cosas cambian, con el arribo de la violencia y la inseguridad, los chihuahuitas que somos muy cuidadosos en eso de preservar la vida, para no decir que somos medio coyones, pues ya no salimos ni nos aventuramos como antes a viajar vía terrestre a Mazatlán, Acapulco, Puerto Vallarta o de perdis vía férrea a Los Mochis., mostrando con orgullo nuestras placas vehiculares –con descuento, a César Duarte gracias-con el nombre de CHIHUAHUA.



Así que no nos queda de otra que acudir a los balnearios de Aldama, que se surten del agua subterránea que deja a su paso por dicha franja geodésica el río Sacramento, cuando Dios quiere que lleve agua.



En fin, que aprovechando la carretera de cuatro carriles Chihuahua-Aldama, que se aventó de puro cemento hidraúlico el gobernador Pancho Barrio, los chihuahuitas a toda velocidad –arriesgando pellejo de por medio-, arribamos a dichos balnearios.

Y ahí como si fuera Acapulco, la Riviera Maya, Vallarta o Puerto Peñasco, los chihuahuenses se mudan de ropa, sacan tangas y bikinis para ellas y shorts o pantalones de mezclilla recortados para ellos, y presumiendo botas de pieles exóticas ellos y ellas en sandalias, recorren los alrededores de las grandes piscinas de Aldama.

Si, si, shorts y botas, como buenos norteños, puesss.

Six de Tecate en mano –ellos-, invitan a las damitas a cortejos medio raros -poniéndolo en perspectiva de NatGeo-, como el lanzarse de una tirolesa azteca desde un árbol a la pila de agua mas cercana…, o a jugar boleibol con un globo que sacaron de una cajita de cartón de 10 por 10 y de marca Sico.

Las carnes azadas son contadas, porque el chihuahuense es medio mochón en eso de la religión y por no llevar enojo a las viejitas de la casa, pues todos pasaron previamente al mercado del Hoyo o a la Central de Abastos por sus camarones y sus filetes de pescado para la discada, pues hoy por ser viernes de dolores y porque se recuerda la pasión de Cristo, pues no se come carne.

Carne NO, ni aunque esté seca o convertida en machaca.

Los niños son embadurnados por sus madres de cremas con filtro solar del 120 que es el más alto en protección contra los rayos ultravioleta y comentan que dichos menjurjes fueron adquiridos en oferta en su último viaje a El Paso…, en Texas, EUA obviamente, porque el chihuahuita también en eso es medio -m-m-n-, (m-m-n = consumidor de lácteos en tetera).

En fin, que a eso de las cuatro de la tarde, ya medio beodos y medio insolados, los chihuahuitas en frenético festejo vacacional, ya andamos bailando con la mukira en una mano (mukira = mujer en lengua tarahumara) y en la otra mano otro six de Budweiser, faltaba más. Y como no, pues las rolas de la Banda Limón a todo lo que da el estéreo del carro.

Pero narcorridos NO, porque en Chihuahua es delito el reproducir ese tipo de rolas, sino pregúntenles a los Tigres del Norte, que se llevaron tremendo multonononón en su última incursión por chihuahuitas tierras.

Como son miles los que se dan cita en tan pocos balnearios, pues los roces de cuerpos y almas están al orden del día, así que no pasan cinco minutos sin que un par de pelafustanes o pelafustanas, para ser ecuánimes con eso del género, se están dando de moquetes o desgreñándose en medio del bailongo.

Terminadas ya las viandas, y las cervezas obvio es, el chihuahuita con la puesta del sol tiene que regresar a casa y ahí es donde Dios nos agarre confesados, porque la autopista esa de cemento hidraúlico que construyó Pancho Barrio, se convierte en una pista de la muerte.

Bien pero bien beodos y beodas, quienes conducen los autos –chuecos y derechos- tratan de llegar primero a la ciudad, pero como salen todos a la misma hora, pues tenemos un congestionamiento vial de 24 kilómetros, donde las mentadas de máuser y otra vez los pleitos y las volcaduras con difunto y todo, están a la orden del día.

Y si me preguntan donde están las autoridades, pues les diré que después de arrancar el programa vacacional Chihuahua Seguro hace una semana, pues todos andan de vacaciones y no regresarán hasta la semana entrante.

Así pues, arriba el chihuahuita a su casa, cansado, beodo e insolado, y con la preocupación de que al abrir la casa, pues que ya no haya muebles, porque repito, la inseguridad y los robos están a la orden del día.



No digo más, este viacrucis vacacional del chihuahuita me dio harta sed, y como la calor ya está en grande y la sequía pior, pues ahora no pediré mi café como siempre, negro como siempre, con dos cucharadas de azúcar como siempre, tibio como siempre, para no tener que soplarle como siempre.

Ahora mejor pediré un cartón, y no para hacerme aire, sino uno de esos cubos de cartoncillo café que en su interior contienen 24 botellitas llenas de liquido color ambarino y que la raza en el barrio llama coloquialmente “unas chelas”, y salud, que tengan buenas vacaciones santas y un buen domingo de Pascua. Yo por lo pronto me voy a una playa de Aldamacopulco.


 

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