lajiribilla.com.mx
Chihuahua, Chih.  Dólar Venta: $  Compra: $  
 


UACH: amargo colofón

Jaime García Chávez

 

Chihuahua, Chih..  13 de febrero de 2013. Cuando se presentó el reciente conflicto en la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Autónoma de Chihuahua, dijimos casi de manera instantánea que era momento muy temprano para expresar una opinión concluyente. Y lo que son las cosas, ahora estamos en posibilidades de escribir el colofón, no de un libro inexistente, sino la parte final de una amarga situación. Varias aristas se presentan; al azar escojo esta que probablemente no sea la primera en importancia pero sí un buen punto de arranque: la rectoría está encabezada por lo que sin duda alguna José Ingenieros llamaría un hombre mediocre. Se trata de un oscuro personaje –no hablo de su capacidad profesional– que jamás imaginó verse en posesión del cargo que ostenta.




Un poco llegó ahí por una casualidad y un poco por la conveniencia de quienes mantienen a la universidad en la grisura total y él rubricó con sus lágrimas el hecho. Pero si antes era opaco, puesto en el cargo su opacidad creció, como sucedería con un pretendiente poliomielítico que súbitamente lo hacen jinete de un corsel arisco. Obvio que todo esto lo precedió el acuartalamiento de consejeros y la descarada compra de votos. En tal circunstancia se creó un vacío y si el astro principal no brillaba en la UACH, lógico fue que la luminosidad empezara a brotar de otra parte, que es, precisamente, lo que metió al escenario al director de la Facultad de Contabilidad, Alfredo De la Torre Aranda, conocedor por experiencia propia de los conflictos universitarios, activo en la producción de proyectos y, si me apuran un poco, con una ambición reformadora pálida pero al fin y al cabo molesta en una universidad en la que inmovilismo es la regla.

Pocos días antes del inicio del conflicto, De la Torre Aranda le hizo el servicio al gobierno del estado de maquinar un fraude informativo en torno al endeudamiento en Chihuahua; él ofreció hasta una cátedra en finanzas públicas al agrónomo Jaime Herrera Corral. Le pagaron con moneda falsa, demostrando el hecho que en las altas esferas del cacicazgo local pueden trepar por encima de cualquiera convirtiendo a las personas en objetos desechables. Lo grotesco es que el sacrificado, como en los juicios de Stalin o de la Inquisición, terminen elevando loas al victimario o besando la cruz.



Prosigamos con los procedimientos: la caída de De la Torre fue una micro asonada. La soldadesca del levantamiento obedeció rigurosamente las órdenes y con los permisos debidos y los escudos del PRI, tomaron las oficinas de la dirección por asalto. Actuaron como rebeldes con permiso, con instrucciones precisas, con recursos para la movilidad, destruyeron y rompieron objetos y, como suele suceder en estos casos, los sorprendidos alumnos y no pocos maestros veían un derrumbe de los procedimientos marcados por la ley y no daban crédito porque en esa escuela se habló mucho, precisamente, de la cultura de la legalidad y hasta albergó eventos como la llamada Cumbre de Valores. Dos mundos ante sus ojos pero un solo interés: cuando de solventar los propios intereses del poder se trata, romper la ley es nada. Para qué procedimientos ante el Consejo Universitario si basta tomar una oficina, pedir la renuncia del titular, esconder al rector, convalidar ante el cacique mayor las instrucciones, enviar a Marcelo González Tachiquín de embajador ante De la Torre, torcer una mano aquí y otra más allá y, ¡zas! Todo está hecho.



En una sociedad enferma de la indolencia y la obediencia a las jerarquías, es lógico que los universitarios no hayan levantado la voz frente al atropello y la simulación. Hubo las consabidas declaraciones de Duarte Jáquez –ni la burla perdonó– del respeto a la autonomía universitaria, aunque las manos del poder sólo estuvieran metidas hasta los codos. Los maestros de Contabilidad (demasiado pocos) que han tenido actitudes dignas en el pasado, hoy permanecieron silentes, con los puños cerrados pero escondidos en las bolsas del abrigo. El líder estudiantil oficialista –discípulo de James Barousse– nos recordó a aquellos estudiantes que sacaron a empellones de la rectoría de la UNAM al notable cardiólogo Ignacio Chávez. Es de la estirpe de los líderes muy desconocidos ahora y muy famosos por aquellos años, Castro Bustos y Falcón. Agustin Mora, ejecutor del golpe y miembro del Frente Juvenil Revolucionario del PRI, es la figura modélica que se presenta a los jóvenes. Es una especie de líder de una escuadra derechista propia del fascismo, una falange con permiso para transgredir la ley. Llama la atención, dicho sea al paso de estas líneas, que gran parte de los voceros oficiosos del gobierno nos recuerden a diario los malos olores de la boñiga que dejó la caballería barzonista, pero permanezcan en absoluto silencio y hasta hagan la apología del golpe en Contabilidad simplemente porque ésta fue autorizada desde el palacio de gobierno a donde el rector pidió la confirmación de las instrucciones.

Alfredo De la Torre tampoco estuvo a la altura de las circunstancias. Al principio dijo que resistiría, adujo argumentos válidos en su defensa, subrayó el golpismo contra las instituciones procedimentales para destituir un director y, casi, casi, dijo que atrincherado en su oficina sólo saldría de ahí por la fuerza. Dos horas después, renunciaba. Decía hacerlo por la UACH, prometiendo “continuar con los proyectos de Duarte” y, en un lenguaje por entero ajeno al Estado laico, terminó con innecesario dramatismo al comunicar a sus partidarios y a la sociedad: “Estamos en las manos de Dios, porten con orgullo el logo de la Facultad, Dios los bendiga”. Quizás, y a pesar de su juventud, era un adelantado en el estilo de renunciar en nombre de la institución, casi, casi la iglesia.

Ya victorioso, el rector Enrique Seáñez sale de su retiro, donde se había ocultado a lo largo del golpe. Se dejaba ver a través de sus operadores y dentro de ellos el emedé Saúl Arnulfo Martínez Campos, que a la hora de pagar las culpas por la mala operación gustoso jugó el papel del inhábil, el tonto, el que no sabe hacer las cosas que el jefe ordena. Y esto es así porque el arte político no rebasa los cánones fijados por las mafias, y en ellas siempre se necesita un tonto, un pendejo o un hijo de la tiznada, aunque los que asuman las máscaras no lo sean en la vida real. Yo no estoy para saberlo. Pero el rector sólo graznó, los que lo oyeron y luego sacaron a la luz pública sus expresiones (bocas de ganso) ya lo pintan como el que puede hacer eso y más para que nadie dude de que está en la cima, en el poder pleno, en su feudo como Duarte en el estado. Para que todos lo entiendan, aunque el adosenamiento de muchos directores no necesite de esos mensaje para la obediencia debida. En otras palabras, que nadie brille para que de lo opaco mane un rayito de luz.



Este amargo colofón termina con dos divagaciones. La menos importante: estamos frente a otra simulación en la elección del relevo de De la Torre. La directora será la priísta Liliana Álvarez Loya, que ha pasado sin pena ni gloria por la sindicatura de Chihuahua y dejará de ser secretaria de la Contraloría del gobierno estatal. Antes se había caído para arriba, hoy se cae para abajo, y dice hacerlo, también ella, por su gran amor a la universidad. En su registro era infaltable la presencia de su esposo, el letrado (bueno, bueno) José Alfredo Fierro Beltrán, covachuelista de los abogados afectos a los gobiernos del estado (el que sea), siempre presto a aplaudir cualquier decisión que involucre el accionar del derecho por parte del poder. Esquirol, claro. Así las cosas, la Facultad de Contaduría y Administración se preservará en la óptima condición de aparato político-electoral del PRI, promotora de seccionales, brigadistas, animadores de cruceros en campaña.

La más trascendente, a mi juicio: la UACH, luego de la derrota de su democratización en 1974, ha caído en una larga noche de oscurantismo de la que no ha logrado salir. Las ciencias sociales están prácticamente proscritas y la facultad de derecha, perdón, de Derecho, hundida en el retroceso, y en la relectura de textos que ya en sus mejores tiempos olían a rancio. Mientras no tengamos una universidad libre, creativa, productora de conocimientos, crítica, universalista, abierta, Chihuahua no saldrá adelante. Será la universidad de un rector matraquero (los funcionarios lo llaman “el fulano”), que del brazo del presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Javier Ramírez Benítez, acuden a aplaudir la elevación de El Chocolatito Fernando Mendoza, a la presidencia del Comité Municipal del PRI en Chihuahua. Una universidad de la cual salen grandes recursos para mantener la prensa vendida, de la canonjía, de la borrachera permanente, una universidad que bien describe el legendario Manifiesto de Córdoba: “Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aún– el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara”. La UACH, de la que tanto se esperaba a mediados del siglo pasado, ha estado capitaneada por oscuros personajes como José R. Miller, Reyes Humberto De las Casas Duarte, y por otros dos que en su tiempo llegaron a ser huéspedes de la penitenciaría: Rodolfo Torres Medina y José Luis Franco Rodríguez. Vive en el provincianismo, el nepotismo y el engaño. Ha entrado al juego de las certificaciones balines que permiten preconizar un lugar de altura en el que nadie cree. Hace unos días escuché del también exrector Carlos Arturo Ochoa Ortega la frase de que cuando uno llegaba al campus de la UACH se daba cuenta de que no había nada que envidiarles a las mejores universidades del mundo. ¿Podemos creer en estas mentiras y ver a la UACH al nivel de Cambridge, Berkeley, Harvard, La Sorbona, por sólo señalar una cuarteta? Creo que el sentido común dice un “no” rotundo.

Este es un colofón ciertamente amargo. Los que sienten orgullo por ser UACH sólo se cuecen en su propio caldo y creen sus propias mentiras. La realidad es que por cualquier mezquindad se puede truncar una carrera como de De la Torre y, para algunos, bastó que éste no estuviera en armonía con el rector, que tuviese la aspiración propia de llegar a serlo o que mostrara simpatías por un futuro aspirante a la alcaldía de la ciudad para que la ira del señor lo barriera, en medio del silencio de los universitarios, porque en las tiranías ni las hojas de los árboles pueden hacer ruido.

 

La jirigrilla Nadie se salva...
La brutal verdad de la brutalidad…


Desarrollo de Aplicaciones Móviles

Top Noticias
La brutal verdad de la brutalidad… La brutal verdad de la brutalidad…
Se parecen a José Alfredo Jiménez Se parecen a José Alfredo Jiménez
Eligen A Su Nuevo Presidente Los Empresarios Jóvenes De COPARMEX Eligen A Su Nuevo Presidente Los Empresarios Jóvenes De COPARMEX
A gritos y sombrerazos dicen que avanzan… A gritos y sombrerazos dicen que avanzan…
Anuncia Que Está Embarazada ¡Yo No Fui! Anuncia Que Está Embarazada ¡Yo No Fui!
El Jueves La Quinta Gameros Se Convierte En Templo Para Un Monero El Jueves La Quinta Gameros Se Convierte En Templo Para Un Monero
Espectacular Luce Desnuda Espectacular Luce Desnuda
Bachiniva Ataca El Narco Bachiniva Ataca El Narco
 
 



Gasolina Chihuahua
 
 
 
www.lajiribilla.com.mx
© 2017 todos los derechos Reservados mapa del sitio
Made in Chihuahua by Cuuapps.mx Cuuapps.mx