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Lucro político

Por Roberto Piñón Olivas

 

Chihuahua, Chih..  16 de febrero de 2013. Alfil

La cuestión es ¿se puede especular periodísticamente e incluso con afanes políticos para sacar ventaja de la tragedia ocurrida el pasado jueves en la Torre B2 de Petróleos Mexicanos? Es decir, ¿éticamente es cuestionable hacerlo si con ello se busca, no la verdad, sino el golpeteo mediático y político?






Es grave hacerlo porque genera sicosis en una suerte de promoción de un eventual ataque terrorista perpetrado por quienes se oponen a la modernización de la paraestatal Petróleos Mexicanos o del crimen organizado, como se ha deslizado en las últimas horas.

Es evidente que se trata a toda costa de cuestionar la atención del lamentable suceso por parte de la nueva Administración federal, sin contar con un sustento, más que las apreciaciones superficiales de si olía o no a gas, o la "tardanza" de cuatro días en un predictamen pericial, que con el apoyo de expertos nacionales e internacionales fue presentado el pasado lunes, y que en síntesis sustenta en elementos fiables la teoría del accidente provocado por una acumulación de gas.



Tiene su apoyo la investigación preliminar presentada por Murillo Karam en una serie de elementos objetivos, no hay rastros de explosivos, hay evidencia de explosión por gas y no hay quemaduras ni desmembramiento en las víctimas, consideraciones apoyadas en la participación colegiada de expertos de Petróleos Mexicanos, Defensa Nacional, Marina, Procuraduría General de la República, Procuraduría y Policía del Gobierno del Distrito Federal, Coordinación General de Protección Civil, Policía Federal, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto Politécnico Nacional, Policía Nacional de España, ATF Norteamericana y la empresa inglesa SGC.



Las indagatorias periciales fueron desarrolladas por expertos en explosivos y estructura, quienes determinaron que la explosión fue causada por una acumulación de gas en los sótanos del edificio B-2, que propició en las losas un impulso hacia arriba y posteriormente su caída. Esta fue la principal causa de muerte en el edificio.



Se trató de una explosión difusa: lenta, horizontal y perfectamente definida, característica de las explosiones de gas: No existen en la zona afectada rastros, un cráter, evidencia de fuego, ni fractura en las vigas ni desmembramiento, quemaduras o daño en oídos en las víctimas, como ocurre con los artefactos explosivos.



Lo que sí se encontró en la zona de la explosión fue un tubo conductor y un regulador de gas, en el que se encontraron rastros en el diafragma del regulador de gas metano.



No hay residuos de ningún tipo de explosivo en los aparatos detectores ni en las pruebas de laboratorio.





En toda la estructura no hay elementos que presenten rastros de fuego, no hay un solo objeto quemado ni un papel en el lugar de los hechos, lo único quemado son los cuerpos de los tres trabajadores que estaban en el sótano y obviamente sus ropas y sus pertenencias.

Todo parece indicar, como se desprende de las testimoniales del jefe de cuadrilla de los trabajadores que daban mantenimiento a pilotes en el sótano, que la chispa pudo haber surgido de una extensión eléctrica de uso rudo utilizada en estas tareas, personal que por su cercanía al lugar de la explosión de gas presenta quemaduras.



Se podrá especular acerca de la validez de las indagatorias. Debe hacerse en el ánimo constructivo de encontrar respuestas, pero esto no debe hacerse de manera irresponsable, menos con el objetivo de lucrar políticamente, porque no sólo se daña a las instituciones, se genera sicosis, y constituye una falta de respeto a las víctimas y sus familias.


 

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